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Restaurante Moments, por Raül Balam Ruscalleda. Hotel Mandarin Oriental

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Agradecidos debemos sentirnos todos y cada uno de nosotros por haber tenido la gran suerte de haber nacido en un país de matices de sabores sinigual y riqueza gastronómica, además de una excelente materia prima y creciente creatividad, lo que nos posiciona como uno de los países más vanguardista, a la par que tradicionales, en lo que respecta a la cocina. Amén.

Yo me emociono con muchas cosas, (soy muy sentida, sentimental y llorona), pero, centrándome en lo que es de menester de este blog, hoy os hablaré de un restaurante que me emocionó profundamente. Un oasis paradisíaco en medio de la urbe. Ya no hace falta irse a Sant Pol de Mar para degustar uno de los mejores menús del mundo. La descendencia en este caso de Carme Ruscalleda, nos ha permitido disfrutar de las creaciones de otro gran maestro; su hijo, Raül.

Según Ruscalleda, “Moments significa sentido común, tradición, autenticidad y el regreso a las raíces”.

Cuadro de madre e hijo que preside la cocina

El restaurante del Mandarín Oriental, galardonado con una estrella michelín, cumple todas los atributos antes descritos: en una cocina tradicional catalana, se unen la vanguardia y la mejor de la materia prima, con un conocimiento profundo de las técnicas culinarias y respeto por la tradición. El Moments se ha posicionado, sin duda, como uno de mis restaurantes favoritos. Y no hablo sólo de Barcelona. Uno de mis restaurantes favoritos, punto y aparte. Gracias, universo, por proveernos de emociones en forma de huevo.

En esta ocasión fui invitada por sorpresa, sin saber a dónde iba exactamente. Aunque he de decir que tanto el día de la semana como el emplazamiento, delataron a mi anfitrión. Tenía que estar el jueves en Paseo de Gracia, a la altura de la calle Diputació. El tapaç24 no podía ser que hemos ido muchas veces. Blanco y en botella. Pocos restaurantes se alzan a esa altura de la calle, y además en jueves… Yo sabía que Carme Ruscalleda pasa ese día por el restaurante que dirige parte de su prole. Estaba claro, me iban a invitar al Mandarín Oriental. ¡Ay, qué emoción! Ya empiezo a sentir mariposillas en el estómago.

Para mí, casi todos los buenos momentos culinarios, empiezan por los preliminares. Recuerdo con mucha nitidez el día que mi prescriptor gastronómico favorito (ya os he hablado muchas veces de él, San Ismael, lo llamo yo), me dijo que tenía mesa para El Bulli. (Lo recuerdo muy nítidamente en parte porque me fue ofrecida una invitación al gran evento dentro de una tienda de ropa, en el vestidor. Tras mi reacción, creo que el dependiente pensó que estaba como unas maracas…). El caso es que “el viaje”, empezó desde ese mismo instante. Recuerdo también el día en que fuimos al Tickets, un año más tarde del cierre de su hermano mayor. Ahí el viaje comenzó desde el momento en que me dispuse a reservar mesa. Toda una odisea, pero el reto lo hace todavía más intrépido! Y recuerdo el ambiente, los olores, la compañía, de casi todos mis viajes y momentos previos a las grandes celebraciones culinarias de mi vida. Y es que nuestro gusto por la gastronomía no se rige sólo por el instante en que nuestro sentidos empiezan a despertar en el momento en que vemos el plato. Los sentimientos empiezan a despertar mucho antes, cuando se planea la visita, cuando se estructura el viaje, a la llegada del local, con los olores que lo representan, las vistas, la compañía…en fin, que generalmente, el ambiente que rodea al hecho es casi tan importante como el hecho en sí (ya sea en un restaurante de lujo o en una tasca de barrio).

Bueno, con mi llegada al Mandarín Oriental, enseguida supe que se trataba de uno de esos días que no caerían en el olvido. El edificio, que se alza majestuoso en el Paseo de Gracia de Barcelona, responde a un estilo clásico y refinado. Pijo, diría yo. (De hecho, venden Manolos en la planta de la recepción). Yo tengo cara de cría. Soy jóven, y parezco muy joven, así que no impongo mucho en esta clase de sitios, y la mayoría de las veces no respondo a los estándares femeninos que frecuentan estos locales. Bueno, pues yo llegué, cotilleé, me sorprendí del refinamiento (no pedante) del lugar, y me senté a esperar en la recepción. Poco tardaron en preguntarme si quería tomar algo y si esperaba a alguien, o si necesitaba alguna cosa. Qué majos, oye. El servicio de 10, de principio a fin.
El restaurante se sitúa en la planta principal, desde la cual te puedes asomar al bar que se sitúa en la planta baja del hotel, desde una balconada que lo rodea. Se respira lujo y clase, sí, pero también cercanía del servicio, buen hacer, disfrute y relajo. No me dio tiempo de bajar hasta el bar, pero un amigo de los de fiar ( otro de mis prescriptores gastronómicos de calidad:), me comentó hace poco que entraron al bar del Mandarín a tomar algo, y se sorprendieron del servicio, del producto y ¡del precio! Se tomaron dos copas de vino y un plato de jamón, por menos de lo que te cuestan dos cafés y dos aguas en cualquier bar del mismo paseo.

Antes de pasar a las fotos y descripciones de los platos, os dejo con una entrevista inédita. Debido a nuestra labor de insistencia, pudimos entrar a la cocina con Raül, quien respondió súper amable a todas nuestras preguntas. Creo que su humildad e integridad se reflejan muy bien en sus palabras. Para probar la calidad de su trabajo, tendréis que visitar su casa. Ya os digo que no os dejará indiferentes. Chapó para esta nueva joven estrella de nuestra cocina, y para la madre que lo parió.

¿RAUL, EN QUÉ TE BASAS PARA HACER TU MENÚ?
Nos basamos en lo que nos da la naturaleza, miramos lo que tenemos cerca. Si hay setas, utilizamos setas. Si no las hay, no las utilizamos. Siempre nos basamos en la naturaleza. Nos interesa mucho la cocina de proximidad. A partir de aquí comenzamos a jugar.
¿QUÉ SE SIENTE AL SER EL “HIJO DE”? ¿TE MOLESTAN LAS COMPARACIONES CON TU MADRE, TE SIENTES PRESIONADO?
No, eso no es ninguna presión. Al contrario. Me siento muy orgulloso, me encanta ser “hijo de”. Para mí es un honor. Entiendo las comparaciones, y me alegra saber que a mi madre se le quiere tanto. Además, si no fuese mi madre, sería una persona a la querría igual, porque es muy humilde, muy transparente.
ONFAN ES UNA GUÍA HECHA POR PRESCRIPTORES DE CALIDAD SOBRE ESPECIALIDADES. TE PROPONEMOS VOTAR UNA ESPECIALIDAD: PARA TI, ¿DÓNDE ESTÁN LAS MEJORES BRAVAS DE BARCELONA?
En el Bar Tomás. Aprecio un mantel con buena cristalería, pero también unas buenas bravas de tasca, y éstas son las mejores.
UN ADELANTO EN PRIMICIA PARA ONFAN SOBRE TU PRÓXIMA CARTA …
Tequila y codornices. Hasta aquí puedo leer.

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Carta de los aperitivos: “nada es lo que parece”

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¿Rabanito en ensalada? Macadamia, mache, mantequilla de caco y polvo de frambuesa
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Guisantes de Pineda con butifarra hecha en casa
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Espardenyes con coca vegetal de alcachofas y patata

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Roger con encurtidos, tostada de garbanzos y pimienta roja
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Lubina con salsa suave de curry, mango y vainilla
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Raül, a quien amo ya desde ese mismo día, nos “obsequió” con este arroz caldoso de gambas, todo un clásico ya en la carta. Es que queríamos probarlo toooodoooo
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Albóndiga coulant, parmentier de patata, zanahoria y calabacín
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Manos de cerdo con mini verduritas de primavera

 

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Alucinante la selección de quesos. (Nevat, cabrioles, manchego, torta del casar, bleu des causses)

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Restaurante Moments
Hotel Mandarín Oriental Barcelona
Passeig de Gràcia, 38, Barcelona

Javier

Muy buena la descripción de la Rusca, pero no haces justicia en el comentario a tu primer prescriptor. Sin duda el Aita. ¿No te acuerdas que “cuando seas mayor querrás ser critica gastronómica”, por él? ¿No te acuerdas de la grasa de las costillas del Arrambide? ¿Para cuándo una entrada en el blog de aquellas costilicas? Aunque igual no es políticamente correcto el potenciar el gordo de las costillas…
Agur, un beso

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